
Maldito día, nada más puedo decir. Aún con fiebre y con Tarata encima, llegué a las 7 de la mañana a este mundo, sin nada en que pensar y con mucho en que hacerlo. Llevando algunos trabajos, de esos esporádicos que dan las monedas para vivir, llego a la Fundación. Registro mi herramienta de trabajo, dejo mi carnet de identidad - no dejo mi identidad porque aún no la encuentro - y subo por el ascensor al piso 10. Al parecer hubieron conflictos y el enternado encargado de firmar los pagos había hecho algo. Al entrar, veo a Eduardo compartir este día, como si todos los problemas nos lo dividimos los dos, y justo hoy. Tratando de hacer catarsis de los hecho llegamos a la conclusión que hay que ser bien valiente para suicidarse, que los que se drogan son en realidad personas que por naturaleza superan al común, en sentir, en contemplar y como humanos. Poniendo en claro las excepciones, son personas que nacen con la piel mas delgada que lo demás, y que las drogas no puede ser más que un escape a esta miserable vida. Entre todo esto, llegar a la conclusión de que suicidarse no es la mejor opción, que hay otras maneras de mandar a la mierda todo. Y así se van apaciguando las torturas del día a día, y el buen conversar llega a ser esa válvula de escape.
Suerte.

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