viernes, 17 de agosto de 2007

Efecto en cadena

Siempre quise escribir, investigar, o darle algún tipo de explicación al acto humano e incluso animal de bostezar. Hoy no creo que sea el gran día de encontrarle algún tipo de explicación empírica ya que ni cojudos muchos científicos siguen dando explicaciones hasta el momento. Una de las cosas que encontré sobre este raro fenómeno es que se presenta como un acto motor estereotipado, según un psicólogo americano Robert Provine. Este acto motor puede ser impulsado una variedad de estímulos, pero el que me quiero centrar en especial es el estimulo de observar al otro y automáticamente se repite el acto como un efecto en cadena. Podría decirse como estereotipado que este científico piensa que ya es casi una cultura, que más que algo natural, es una mezcla de elementos sociales y de interacción que termina convirtiéndose en costumbre y/o hábito: la cultura del bostezo. Creo que yo pertenezco a ella si es que a primera impresión deducimos que sería una sociedad de ociosos. En fin, no creo que vaya por el lado de ser estereotipada, al menos como yo lo entiendo, contrariamente, es un acto sumamente animal, no solo por los gestos y muecas casi canibalescas y en casos grotescas, sinó por que no podemos tomar poder sobre este fenómeno, cuando nos atrapa es casi imposible escapar de el. Somos hijos del bostezo y casi esclavos de su capricho. Nos puede jugar malas pasadas como matrimonios, conferencias, pedidas de mano, clases y, como anécdota muy personal, en misa. Contando un poco mi experiencia animal, cada vez que piso la iglesia, sin razón alguna, empiezo a bostezar, y sin ser exagerado ni menos hereje, cada padre nuestro activa automáticamente una cadena de bostezos que no puedo controlar. Tal vez pueda disimularlo, intentando no abrir tanto la boca o cubrirla con la mano para que puedan ser vistas todas mis entrañas, pero el bostezo está y mientras más lo ocultes, más te hace llorar. Entiendo todas las normas tácitamente reglamentadas sobre cordura y buenas costumbres - el cherry para mi tía Frida Holler – pero no hay placer como mandarse un bostezo poniendo todo de tu parte para que sea lo más grotesco posible, es un gran placer mundano. Y así como mundano, antiguo e inevitable. Incluso esas lágrimas que salen producto de la presión ejercida le hacen bien a mi espíritu.
Lo que más me sorprende es el contagio (ver anexo al final). Es mágico, místico, intrigante; parece como si los humanos traen consigo alguna verdad que aun no se puede descifrar, que es transmitida a través del bostezo. Tantos años buscando el porqué de las cosas, y podría estar en la punta de la lengua. Si me ciño a códigos científicos, podría decir que es un acto psicológico que va casi pegado con el lado animal. Esta conexión permite que al ser observado otro ser de nuestra especie, se active algo en nuestro cerebro que luego pasa a manos de nuestro organismo y no podemos dar marcha atrás. Es un capricho, es egoísta, es la idea de “si tu tienes, porqué yo no”. Es el deseo de estar tan placido como el otro, querer descansar, dormir, huevear, mirar televisión con kilos de canchita y una Coca Cola de litro y medio mientras pasan Entre Titulares. Con esto concluyo que todos somos unos holgazanes por naturaleza.
En fin, no encuentro explicación a este fenómeno, pero no me voy a rendir, al fin y al cabo es delicioso bostezar y nadie nos lo puede quitar. Es más que seguro que hasta este artículo los haya hecho bostezar, ya que la palabra misma trae esa carga mágica: BOSTEZAR. Bostecen todo lo que puedan y sean felices. Éxitos.


No hay comentarios: