
Como pueden haber siempre maneras deferentes de contar una historia.
Exitos.







es un bacanal humedo...

goce popular.

Incluso la salida, un caos humano.









Tras ciertas experiencias y detalles que uno empieza a hacer símbolos casi prejuiciosos de un cierto estereotipo de personas plastificadas como producto causa de una alineación y supervivencia cómoda dentro de un molde cada vez es menos humano, obtuve lo siguientes ítems que espero ilustre bien del tipo de persona de la que hablo.
Hace ya más de cuatro meses que dejé de chambear. Fueron muchos meses de confirmación sobre mi interés de seguir un buen tiempo de mi vida en área de creatividad de una agencia. Para comentar un poco sobre esta experiencia, conocimientos sobre esta rama del marketing, quiero decir que esta más que subestimada. Si bien es cierto el prejuicio de que los publicistas no son más que un grupo de vagos, les comento que por no estar enternado todo el día no lo hace a uno más trabajador, y de eso muchos padecen. Se puede trabajar de nueve de la mañana a dos de la mañana sin ver la calle y encerrado tratando de sacar una idea para una campaña después de que la de cuentas se tiró casi veinte ideas, es frustrante. Sin mencionar que en el caso de ser directo de arte, que es mi palo, te consume todo el día chambas chiquitas que es por ahí donde tienes que empezar a hacerlo. Banners, paneles, polipasacalles, esta palabra pensé que era una broma, jaladores, afiches, colgantes, etc.
Todos los cinco gatos que puedan leer este blog saben mi biológica y circunstancial "falla" en el cuidado de los celulares. Esta “distinta” atención de la realidad me juega muchas veces perdidas económicas, que en lo personal es nada, claro está hasta que repercute en el esfuerzo de otros, y su manera de percibir la realidad. ¡Odio los celulares!. Y eso no responde necesariamente a el problema ya antes mencionado. Es algo biológico, lo cual va a ser una constante en este manifiesto. Los odio porque, por donde vea, hay un cojudo hablando con -o mirando por la pantalla de este maldito aparato. Suenan en el micro, en el cine, en la calle y en el bar. Los odio porque suenan en mi casa, cuando es una llamada para mi madre o mi hermano y esperan hasta el ultimo para contestar. Suenan, suenan y suenan. ¡Y ahora suenan con canciones y voces estúpidas!, a pesar de que causan risa siguen siendo igual de molestos. Los odio porque son invasivos, chiquitos e indetectables y pueden sonar en cualquier momento. Los odio porque siempre hay gente que se los olvida prendidos en momentos que deberían estar apagados, y suenan. Los odio porque muchos, más que como una herramienta de comunicación, que es básicamente una necesidad y en lo personal también tuve que hacerlo, lo usan para ostentar un status social que vaya uno a saber si tienen, y que si lo tienen, a mi que me importa, el celular no lo hace a uno. Los odio porque desde que vienen con pantalla y cámara todos los imbéciles ven la realidad en 8 x 5, como si fuera nueva o mejor a la que teníamos antes. Además de olvidar que la función fotográfica la cumple un aparato en especial, que lo hace muy bien y no lo saben apreciar, y el celular esta lejos de ser arte fotográfico. Los odio porque más que servirte de una ayuda, son un intermediador más que te amarra al mundo consumista y de felicidad medible con deseo y dinero. Como diría Cortazar, y una adaptación burda del “reloj”: el celular no es el regalado, tu eres el regalado para la fiesta del celular, serás su esclavo para que perjudique tu vida contemplativa y el catarsis de analizar la realidad autosuficientemente. Disfruto tanto de mi soledad, que la idea de estar accesible donde vaya, cuando sea que vaya me pone paranoico. Los celulares más que libertad, te atan al capricho de todos los que tengan tu número, que en lo personal ya nadie tiene mi numero por el hecho de que se me pierden seguidamente. Me jode mucho que la conversación que estoy manteniendo con la persona que tenga enfrente se vea interrumpida porque le suena el celular. Son invasivos, pero siendo más sensato, son las mismas personas las invasivas. Podría decir que muchos sufren de móvildependencia. Y esta no es por el hecho de no estar comunicados, es casi una droga. Simplemente, por todos los “beneficios” que les da, es casi vital tenerlo en la mesa de noche. Ni se preguntan porque ni como, solo lo usan y es placentero. Es casi un fetiche. Además que genera estrés, sudor y ansiedad cuando se pierde o no está cerca.
Quiero dejar de hacer de este blog algo parecido a un diario, pero tengo que advertirlos de algo que está pasando en el submundo de la piratería en Lima.

Saliendo de clases de 7 de la mañana – hora que en opinión personal es antipedagógica en esta época del año – a 9 a.m., me fui a la librería Libun que tiene sucursal en el centro de informaciones de la UPC. Es una librería modesta, repleta de libros técnicos de Macroeconomía, Micro, Marketing, Estadística, y demás. Sus precios son relativamente cómodos y el beneficio es que puedo sacar algún libro de mi interés cargándolo a la boleta, y mi padre no creo que se moleste ya que no hay mejor inversión que un libro. En fin, entré a la librería y de frente pregunté si tenía “El origen de la tragedia” de Nietzsche, muy sorprendido uno de los señores me miro con cara de incertidumbre y susto. Espéreme un ratito le voy a preguntar a la señorita. Me acerque a ver cual era el problema y la señorita que al parecer es la erudita sobre los nombres de todos los libros de esa biblioteca, que es como debe ser, o en el peor de los casos consultar con la maquina si es que lo tienen. ¿Qué autor estas buscando?, Nietzsche – le digo, pero como saben su pronunciación es “Niche”-. ¿Cómo? – me dice – ¡ah Nichenten! ´- con gesto confiada y volteando automáticamente a ver en la computadora. Dejé que siga escribiendo en la computadora para ver si es que solamente no sabía pronunciarlo o era un autor equivocado. No tenemos libros de ese autor – me dijo -. Un rato puedo ver la pantalla – estiré la cabeza para ver si era el nombre y efectivamente estaba mal escrito, y no era un error en cambiar la Z por la S u otro menos trágico, lo había escrito como “NICHE” ni bien se pronuncia.
La ves pasada me puse a pensar sobre la ridícula idea de que si vuelvo a tener enamorada ya no voy a poder regalar lo que por tradición y protocolo se tiene que regalar en el mes, dos meses, seis meses, el año y así sucesivamente. Estos últimos casi devastadores porque todo lo que tus padres te dan al mes o a la quincena, como es mi caso, se evapora automáticamente para pasar a convertirse en: osos o alguna especie rara de peluche que son “tiernos”, rosas – estas son básicas, porque si no las regalas en el primer mes eres un insensible que no vale la pena, y además varía entre el primer mes y de ahí se van sumando con forme pasan los meses y con estos, el precio; chocolates – que en realidad son tan arbitrarios como regalarlos un lunes común y corriente -, algún detalle que tiene mas valor sentimental y de lo contrario menos estético por la auto-fabricación que se asemeja al regalo del niño a la madre en su día, o la siempre clásica cadenita con un dije en forma de corazón que se parte en dos. En fin, los regalos pueden ser miles y uno más patético que el otro. Incluso las mismas mujeres saben que se les tiene que regalar eso pero no necesariamente les va a causar algún sensación de emoción, por el contrario – no en todos los casos – solo lo reciben con un “me encanta” y saben que es parte del protocolo. Un ente importante e influyente del materialismo de una mujer son las bien llamadas amigas, que salen con preguntas como: ¿Y que “cosaS” te regaló? ¡¿No te regalo nada?! – muy escandalizadas – o en el peor de los casos tiran al suelo la moral del regalo. De este modo se va contagiando la idea de que el enamorado que más regala es el que más te quiere – no es una generalización, estoy tipificando. Definitivamente la relación que venga en esta etapa de mi vida o de acá varios años será diferente a las anteriores, debido a que cambian las perspectivas y la forma de vida, que se explica con el concepto del Yo cambiante y ese floro de anteriores entradas. Con conclusiones como esta, y la idea de no regalar lo mismo por un motivo de posibles eternos resplandores de relaciones anteriores y/o augurar rupturas precipitadas, he decidido cambiar con estas relaciones tan protocolares. No voy a ventilar lo que tengo en mente, ni el tipo de ofrendas tradicionales que los hombres tenemos que dar. Ni van a bajar en intensidad, no soy tacaño, es simplemente otra manera. Éxitos. 
El día de ayer, sábado 18 de agosto, Bárbara Vargas celebraba un año más de vida y con este una reunión en su céntrica casa en rinconada. No vale la pena opacar con menores anécdotas a la magnifica aparición del dueño de la casa: el Sr.Vargas, que me gustaría saber su nombre completo y numero de placa para denunciarlo por alterar la moral y buenas costumbres, y personalmente por agravios emocionales contra mi persona. En fin, sería mejor explicar o ilustrar su aparición relatando la situación.
Siempre quise escribir, investigar, o darle algún tipo de explicación al acto humano e incluso animal de bostezar. Hoy no creo que sea el gran día de encontrarle algún tipo de explicación empírica ya que ni cojudos muchos científicos siguen dando explicaciones hasta el momento. Una de las cosas que encontré sobre este raro fenómeno es que se presenta como un acto motor estereotipado, según un psicólogo americano Robert Provine. Este acto motor puede ser impulsado una variedad de estímulos, pero el que me quiero centrar en especial es el estimulo de observar al otro y automáticamente se repite el acto como un efecto en cadena. Podría decirse como estereotipado que este científico piensa que ya es casi una cultura, que más que algo natural, es una mezcla de elementos sociales y de interacción que termina convirtiéndose en costumbre y/o hábito: la cultura del bostezo. Creo que yo pertenezco a ella si es que a primera impresión deducimos que sería una sociedad de ociosos. En fin, no creo que vaya por el lado de ser estereotipada, al menos como yo lo entiendo, contrariamente, es un acto sumamente animal, no solo por los gestos y muecas casi canibalescas y en casos grotescas, sinó por que no podemos tomar poder sobre este fenómeno, cuando nos atrapa es casi imposible escapar de el. Somos hijos del bostezo y casi esclavos de su capricho. Nos puede jugar malas pasadas como matrimonios, conferencias, pedidas de mano, clases y, como anécdota muy personal, en misa. Contando un poco mi experiencia animal, cada vez que piso la iglesia, sin razón alguna, empiezo a bostezar, y sin ser exagerado ni menos hereje, cada padre nuestro activa automáticamente una cadena de bostezos que no puedo controlar. Tal vez pueda disimularlo, intentando no abrir tanto la boca o cubrirla con la mano para que puedan ser vistas todas mis entrañas, pero el bostezo está y mientras más lo ocultes, más te hace llorar. Entiendo todas las normas tácitamente reglamentadas sobre cordura y buenas costumbres - el cherry para mi tía Frida Holler – pero no hay placer como mandarse un bostezo poniendo todo de tu parte para que sea lo más grotesco posible, es un gran placer mundano. Y así como mundano, antiguo e inevitable. Incluso esas lágrimas que salen producto de la presión ejercida le hacen bien a mi espíritu.
